sábado, 1 de junio de 2013

El diván rojo 2.



El lunes fui temprano a la escuela, puse especial cuidado en Verme lo más linda posible, a la escuela deseando que el tiempo pasara lo más rápido posible para volver a ver a Ana Luisa, ella despertaba cosas en mí que jamás había sentido por nadie.
Al terminar las clases corrí al edificio, quería verle, pero, al llegar a la recepción me enviaron con otra persona, dejé mis papeles, me explicaron mi labor, el tiempo que estaría y bajo el cargo de quien y ninguna de esas personas era ella, me sentí un poco decepcionada porque la Verdad en lo que consistían mis mil horas de servicio social era sacar copias y destruir archivo así que pase la primera semana destruyendo caja tras caja de papeles... aburrida y arrepentida de mi decisión, al final estaba ahí por esa mujer que no veía... como siempre dijo mi madre “hormona mata neurona”. El viernes estaba desganada, triste porque pasaba 6 horas en la escuela y 4 horas diarias metida en una bodega destruyendo un sinfín de papeles que tenían más edad que yo, todo por una chica que probablemente ni siquiera me hacía en el mundo.
Al salir el viernes iba con mi mochila, los audífonos puestos, sin ganas de nada, cuando de repente escucho el claxon de un auto, la Verdad no hice caso, no suelo voltear, sentí alguien a mi espalda y que me jalaron el cabello despacio… Me di Vuelta asustada... era ella, me sonrío y jaló el cordón de mis audífonos…
Luisa que fea costumbre la suya de andar con audífonos por todos lados, por eso no pones atención.
Yo - hola... me gusta mucho la música es todo... este... Voy a mi casa...
Luisa - ¿te sigo poniendo nerviosa?­ dijo mientras sonreía.
Yo- claro que no -dije muy seria
Luisa - estas molesta?
Yo - no, solo estoy cansada he tenido que destruir papeles toda la semana, es una cosa aburridísima.
Luisa - anda, te tengo ahí guardada para que nadie te robe y no choques con nadie dijo mientras sonreía -, anda te acerco a tu casa.
Asentí con la cabeza y sentí lindo lo que me dijo, le indique por donde vivía y me dejó en la puerta de mi casa, me dio un beso en la mejilla y me llamó nena de nuevo.
Era muy extraño me encantaba verla, de vez en vez se paseaba por la bodega y me tiraba bolitas de papel, se portaba como niña, no era constante, no nos veíamos diario a Veces coincidíamos al salir y me acercaba a mi casa, a veces veía salir su coche, desde temprano justo cuando yo entraba y no regresaba, otros días la veía parada afuera del colegio a la hora de salida y me acompañaba a la oficina. Pero en general me ignoraba, despacio, me di cuenta que ya había pasado casi dos meses, después de mucho pensar me di cuenta de que a ella simplemente yo no le interesaba, al y al cabo yo era una mocosita y ella era una mujer, y una niña que solo hacia el servicio en su trabajo no teníamos nada en común, habían pasado casi 3 meses y jamás me había preguntado mi nombre.
El último día del servicio, solo fui a que me entregaran mi hoja de liberación, llovía mucho, era increíble, espere a que bajara la lluvia pero parecía no tener fin, así que simplemente decidí caminar en la lluvia, después de una cuadra, escuche la voz de Luisa llamándome.
Luisa- Hellena, sube al coche, te vas a enfermar. - me pareció tan extraño que supiera mi nombre, jamás se lo había dicho, me subi, sin pensarlo mucho, me había llevado varas Veces a mi casa así que supuse que también lo haría... tenia tanto, tanto que tiritaba, me miró y me dijo muy seria – si te quedas así te vas a enfermar, Vamos a secarte- dicho eso manejo bajo la lluvia por un rato, no sabía a dónde íbamos y algo me pasaba con ella, no me atrevía a preguntarle nada, se detuvo de un edición de departamentos.
Luisa - Ven, vamos a que te seques, yo vivo aquí, anda no te pasara nada, recuerda, ya no soy un extraño - dijo mientras me guiñaba un
Yo- la Verdad no sé si deba, osea, hummmm, ¿no podrás llevarme a mi casa?
Luisa- mira nena, vamos rápido te presto algo de ropa, metemos tu ropa a la secadora y te llevo a tu casa, llama a tu mamá y dile que estas aquí, llueve horrible y es peligroso manejar porque se inunda por dónde vives... anda confía en mí
Yo- bueno, deja llamo a casa.
Llamo a mi madre, le dije dónde estaba, que llovía mucho, Luisa hablo con ella, le dijo que ella me cuidaría, que me llevaba tan pronto dejara de llover, le dio su nombre dirección, teléfono y la verdad no sé por qué mi madre accedió.
Bajamos del coche y entramos al edificio, subimos al segundo piso departamento
En realidad no había muchos muebles, un comedor pequeño, una sala, un tipo estudio que tenia libros una tele y un diván rojo... el diván era hermoso, de piel roja, con molduras de madera y remaches dorados, desde el inicio me atrajo mucho entramos al salón encendió la tele, yo me quede de pie, me trajo una toalla y una bata...
Luisa- toma nena, quítate la ropa mojada, ponte esto.
Le di la espalda, comencé por quitarme los zapatos y la escuche salir del cuarto mientras se desnudaba, la vi sobre el hombro, vi su espalda desnuda alejarse de mí, mientras deslizaba por su cintura el pequeño Vestido negro que portaba... Vi sus caderas, y sus piernas... era muy bonita, mucho más de lo que nunca
Me desnude de prisa y me cambie la ropa, la vi salir del cuarto en una bata, muy parecida a la que me prestó, tomó mi ropa, y se la llevo del cuarto, no me hablo, así que me senté en el hermoso diván rojo, a ver la tele y despacio me quede dormida...
No se por cuánto tiempo dormí, al abrir los ojos, ella me miraba muy fijo, con su mirada linda y sus ojos Verdes enormes, como dos esmeraldas…
Yo- hola- le dije despacio.
Luisa- ¿sabes lo linda que te vez dormida?
Yo- gracias -le dije mientras me ponía rojísima de la cara
Luisa- ¿sabes
lo difícil que ha sido para mí mantenerme lejos de ti…
No tocarte?

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